Hay algo que veo repetirse con muchos alumnos en América Latina... llegan a mí a los 30, a los 40 o incluso a los 50 años, preguntándome cómo organizar su dinero como si fuera la primera vez que alguien se los explica. En cierto sentido, lo es. La educación financiera en América Latina no forma parte del currículo escolar en la mayoría de los países de la región, y eso recién empezó a moverse esta semana: el 23 de julio, el representante colombiano Santiago Castro radicó un proyecto de ley para volverla obligatoria desde preescolar hasta grado once. (Infobae, 2026) Cuando leí la noticia, lo primero que pensé no fue en los niños que la recibirán en un salón de clases dentro de algunos años. Pensé en los adultos que, como muchos de mis alumnos, siguen esperando que alguien les explique lo básico hoy.
Por qué la educación financiera se volvió noticia en Colombia esta semana
- Proyecto de Ley 067 de 2026: radicado el 23 de julio, busca enseñar economía y finanzas desde preescolar hasta grado once en todos los colegios de Colombia, públicos y privados. (El Tiempo, 2026)
- 379 puntos en la prueba PISA: ese fue el resultado de Colombia en la competencia de alfabetización financiera, frente a un promedio de 500 puntos entre los países de la OCDE. (Infobae, 2026)
- 40,5% de los adultos colombianos no sabe calcular una tasa de interés compuesto. No es un dato menor si pensamos en cómo se leen una tarjeta de crédito o un préstamo de consumo. (Infobae, 2026)
- 33,6% de la población mexicana no tenía ningún tipo de ahorro en 2024, y solo el 43% de los adultos podría cubrir una emergencia con el equivalente a un mes de ingresos guardado. (ENIF-INEGI, 2024)
Cuando pongo estas cifras una al lado de la otra, no las leo como una crítica a Colombia ni a México. Las leo como una fotografía de algo que se repite en casi todos los países donde trabajo con alumnos: el sistema educativo tradicional nunca incluyó esto, y la brecha la terminó pagando cada persona por su cuenta, muchas veces a través de deudas que se pudieron evitar.
¿Realmente sirve enseñar finanzas personales en el colegio?
Para mí, sí — con una condición. El proyecto colombiano parte de una idea que comparto: los hábitos de dinero se forman desde los siete años, no cuando empiezas a trabajar. (El Tiempo, 2026) Enseñar presupuesto, interés y riesgo en la escuela no elimina los errores financieros de una persona, pero sí cambia el punto de partida de toda una generación. La condición es que el contenido no se quede en teoría abstracta sobre tasas y gráficas: tiene que conectar con decisiones reales, como por qué un préstamo "gota a gota" nunca conviene o cómo leer la letra pequeña de una tarjeta de crédito.
El problema es el tiempo. Si esta ley avanza en el Congreso, tardará años en llegar a un salón de clases real, y probablemente pasará por ajustes antes de aplicarse en todo el país. Mientras tanto, seguimos siendo adultos que manejamos dinero todos los días sin haber recibido ese entrenamiento — y ese "mientras tanto" puede durar toda una vida si no se hace algo distinto.
Lo que la escuela no te enseñó (y que sí puedes aprender ahora)
¿Alguna vez calculaste cuánto pagas realmente de intereses en tu tarjeta de crédito al año? La mayoría de mis alumnos no lo había hecho antes de tomar un curso de finanzas personales. No es porque sean descuidados. Es porque nadie se sentó con ellos a explicarles cómo funciona el interés compuesto, qué significa un CAT o una TEA, o por qué una deuda "chica" puede duplicarse en poco tiempo si no se paga a tiempo.
Recuerdo el caso de una alumna en Ciudad de México que llevaba tres años pagando solo el mínimo de su tarjeta sin saber que, al ritmo que iba, terminaría pagando casi el doble de lo que había comprado originalmente. Cuando lo vio en números, no se enojó con el banco. Se enojó consigo misma por no haberlo revisado antes. Yo le dije lo mismo que le digo a cualquiera en esa situación: el problema nunca fue su capacidad, fue no tener la información a tiempo.
Lo que sí está en tus manos, a diferencia de un estudiante de primaria en Bogotá que todavía espera que el Congreso apruebe esta ley, es empezar hoy mismo. Un presupuesto simple, revisado una vez al mes, resuelve más problemas de los que cualquier aplicación de finanzas promete resolver sola.
Los hábitos de dinero se heredan más de lo que crees
Lo veo constantemente en alumnos de México, Colombia y Argentina: la forma en la que gastan, ahorran o evitan hablar de dinero casi nunca nace con ellos. Viene de cómo se hablaba —o no se hablaba— del dinero en su casa. Algunos crecieron viendo a sus padres discutir por dinero cada fin de mes. Otros ni siquiera recuerdan haber escuchado la palabra "presupuesto" antes de los veinte años.
Cómo identificar qué aprendiste de tu familia sobre el dinero
Yo lo hago con una pregunta simple en mis sesiones: "¿qué frase sobre el dinero escuchabas repetir en tu casa cuando eras chico?". Casi siempre aparece algo como "el dinero no alcanza" o "hay que ahorrar para lo malo, no para lo bueno". Esas frases no son verdades universales. Son hábitos heredados, y como cualquier hábito, se pueden reemplazar por otros más útiles.
No se trata de culpar a nadie por cómo creciste. Se trata de notar qué de eso todavía te está frenando hoy, cuando ya tienes la capacidad de decidir algo distinto con tu propio dinero. Un ejercicio que le pido a mis alumnos es escribir esa frase heredada en un papel y, al lado, escribir la versión que sí les sirve ahora. Suena simple, pero ver las dos ideas una junto a la otra ayuda a notar que una fue una opinión de alguien más, no una regla que tengas que seguir para siempre.
Un plan realista para empezar tu educación financiera hoy
No hace falta esperar una reforma educativa para hacer esto. Lo que yo recomiendo a quienes empiezan de cero es algo mucho más pequeño de lo que imaginan: anotar durante un mes en qué se va cada peso, sin juzgarse, porque el objetivo en esa primera etapa es información, no culpa. Una vez que tienes ese registro, el siguiente movimiento es separar un porcentaje fijo de tus ingresos antes de gastar en cualquier otra cosa. No tiene que ser mucho — muchos alumnos empiezan con apenas un 5% y lo ajustan con el tiempo, a medida que ese hábito deja de sentirse forzado. Lo que sostiene todo esto a largo plazo es volver a mirar ese presupuesto cada tres meses, en vez de armarlo una vez y abandonarlo a la primera dificultad.
Si separas, por ejemplo, 500 pesos mexicanos al mes durante un año, ya tienes una base de ahorro que la mayoría de la gente nunca llega a construir porque nunca empezó. La cifra exacta importa menos que la constancia. He visto alumnos que empezaron con montos así de pequeños y, un año después, la diferencia no estaba tanto en el número final sino en cómo cambió su relación con el dinero: dejaron de sentir ansiedad al abrir su estado de cuenta.
No necesitas una hoja de cálculo compleja para esto. Una simple nota en el celular funciona igual de bien que la aplicación más sofisticada, siempre que la revises de verdad. Lo que marca la diferencia no es la herramienta, es que la mires con la misma constancia con la que revisas tus redes sociales cada día.
Errores que veo repetirse en quienes empiezan tarde
El más común no es gastar de más. Es evitar ver el estado de cuenta durante meses porque genera ansiedad. Lo entiendo — a mí también me costó mirar mis finanzas de frente cuando empecé. Pero esa evitación es justamente lo que convierte una deuda manejable en un problema grande, porque los intereses siguen corriendo aunque no los estés mirando.
El segundo error es comparar tu situación financiera con la de otra persona en redes sociales, algo que rara vez refleja la realidad completa de esa persona. Muchas veces me pregunto cuántas decisiones financieras se toman por presión social y no por un plan propio. Vale la pena preguntarse, antes de una compra grande, si esa decisión responde a una necesidad real o a la comparación con lo que ves en el teléfono.
Y aquí vuelvo a la cifra de Colombia que mencioné antes: si el 40,5% de los adultos no sabe calcular un interés compuesto, buena parte de esos errores no son de carácter, son de información. Nadie te enseñó a leer un contrato de crédito, así que terminas firmándolo sin entender del todo lo que implica. Eso también se corrige, y no requiere volver a la escuela para hacerlo.
Aprender educación financiera en México, Colombia, Argentina y el resto de LatAm
Lo que estamos viendo en Colombia con este proyecto de ley no es un caso aislado — es parte de una conversación regional que lleva años sin resolverse del todo. En Ciudad de México, cada vez más adultos jóvenes buscan cursos de trading en México y educación financiera fuera del sistema escolar tradicional, precisamente porque sienten que llegaron tarde a esa formación. En Bogotá, esta noticia ya generó debate entre padres que se preguntan si ellos mismos podrían aprobar el examen que le exigirán a sus hijos. Y en Buenos Aires, donde la inflación hace que planificar a futuro parezca casi un ejercicio de fe, entiendo por qué la educación financiera se siente todavía más urgente: solo el 31% de los argentinos encuestados dijo poder cubrir un gasto inesperado equivalente a un mes de ingresos sin endeudarse. (BCRA-CAF) En Lima y en Santo Domingo veo el mismo patrón: la demanda de aprender finanzas personales crece más rápido que la oferta educativa formal disponible. Lo que tienen en común estas cinco ciudades no es el idioma ni la moneda, sino la misma pregunta de fondo: ¿quién nos enseña esto si la escuela todavía no lo hace? Por ahora, la respuesta sigue estando en cursos, comunidades y mentores fuera del aula tradicional, y esa es exactamente la razón por la que este tipo de contenido se volvió tan buscado en la región durante los últimos años.
Para aprender educación financiera en México siendo adulto no necesitas esperar una reforma escolar: un curso estructurado de finanzas personales, un presupuesto mensual simple y la revisión periódica de tus gastos son suficientes para empezar. Lo importante es la constancia, no partir de cero con conocimientos perfectos ni con grandes cantidades de dinero disponibles.
En Life Academy trabajamos justamente esa base con quienes llegan sintiendo que "empezaron tarde". Si quieres estructurar tus finanzas personales antes de pensar en inversión, la membresía Plus y Pro incluye justamente ese acompañamiento paso a paso. Si ya tienes tus bases y quieres dar el siguiente paso hacia la inversión de largo plazo, el curso Invierte Como Buffett parte exactamente de ahí. También puedes revisar más casos como este en el blog de finanzas de Life Academy.
Lo que Colombia está discutiendo en el Congreso, tú puedes empezar a resolver hoy en tu propia casa: no necesitas un plan de estudios oficial para dar el primer paso. En Life Academy trabajamos justamente este camino con quienes quieren dejar de improvisar con su dinero — puedes revisar la membresía Plus y Pro si buscas una guía estructurada para empezar.
Este artículo tiene fines exclusivamente educativos y no constituye asesoramiento financiero ni recomendación personalizada de inversión. Antes de tomar decisiones financieras, evalúa tu situación personal y consulta con un asesor certificado si es necesario.






