Hay algo que veo repetirse con muchos alumnos en América Latina, y es que abren la tarjeta de crédito para un gasto puntual, pagan solo el mínimo un par de meses y, sin darse cuenta, terminan pagando una tasa que en países como México puede llegar al 75% anual, según datos publicados por Finazo, 2026. Para mí, ese es el momento exacto en el que hay que detenerse a revisar los números, antes de que la deuda crezca sola. No es un problema de fuerza de voluntad. Casi siempre es un problema de información: nadie se sienta a comparar el costo real de la tarjeta contra otras opciones antes de usarla como salvavidas.
Cuánto cuesta hoy la tarjeta de crédito en México, Colombia, Argentina y RD
- Argentina: el nuevo Programa de Desendeudamiento Familiar y Personal fija una tasa nominal anual máxima de 35% para refinanciar deudas de tarjeta y préstamos personales tomados antes del 1 de junio de 2026. (Pura Ciudad, 2026)
- México: el CAT de las tarjetas de los bancos más grandes se mueve entre 50% y 75% anual, mientras Banxico mantiene su tasa de referencia en 6.50% desde el 25 de junio. (Finazo, 2026)
- Colombia: la Superintendencia Financiera certificó la tasa de usura para crédito de consumo en 28.79% efectivo anual para julio, con un interés bancario corriente de 19.19%. (Agencia PI, 2026)
- República Dominicana: las tarjetas llegan a una tasa efectiva anual de entre 42% y 52%, el costo más alto de todo el sistema financiero dominicano. (Infobae, 2026)
¿Por qué la tarjeta de crédito termina siendo tan cara en la región?
Lo pregunto seguido en las sesiones con alumnos: si la tasa del banco central de tu país bajó, ¿por qué la tarjeta sigue tan cara? Lo que yo respondo es que la tasa de la tarjeta casi nunca sigue de cerca a la tasa de política monetaria. En México, por ejemplo, Banxico sostiene su tasa en 6.50% desde el 25 de junio, pero eso no impide que el CAT de una tarjeta común ronde el 50% o más (Finazo, 2026). El banco cobra por el riesgo de que no pagues, no por el dinero que te prestó, y ese margen es el que infla la cuenta cada mes que solo cubres el mínimo.
Lo veo clarísimo cuando hago el ejercicio con un alumno. Si debe 20,000 pesos mexicanos a un CAT de 65% y paga solo el mínimo, buena parte de esa cuota se va en intereses, no en el capital. La deuda baja apenas, mes tras mes, aunque sienta que está pagando religiosamente. Y algo parecido pasa en República Dominicana, donde el Banco Central mantiene su tasa de política monetaria en 5.25% desde hace ya varias reuniones consecutivas, una señal de que el dinero no se encareció para los bancos. Ahí el margen que se queda la entidad financiera es todavía mayor, y explica por qué la tarjeta llega a un 52% mientras la tasa oficial se mantiene casi cinco veces más baja.
Tampoco todas las tarjetas dentro del mismo país cobran igual. En Colombia, mientras el tope de usura está en 28.79%, hay bancos que ofrecen tarjetas con tasas cercanas al 14% para los perfiles de crédito más sólidos (Agencia PI, 2026). La diferencia entre pagar 14% o 28% en la misma ciudad depende casi por completo de tu historial crediticio, así que vale la pena revisarlo antes de aceptar la primera tarjeta que te ofrezcan en el banco.
Lo que cambió este mes en Buenos Aires (y por qué te sirve aunque vivas en otro país)
El 13 de julio, el Gobierno de la Ciudad reglamentó la Ley 6.959, que crea el Programa de Desendeudamiento Familiar y Personal. En la práctica, permite tomar un crédito nuevo con Banco Ciudad para cancelar deudas de tarjeta o préstamos personales tomados antes del 1 de junio, a una tasa fija de 35% anual y a un plazo mínimo de 24 meses (Pura Ciudad, 2026). Los bancos tienen hasta el 31 de julio para sumarse. No vivo en Buenos Aires y quizás tú tampoco, pero lo que me parece valioso replicar es la lógica: cambiar una deuda cara por una más barata y a plazo fijo, en vez de seguir pagando el mínimo mes tras mes.
El programa está pensado para empleados en relación de dependencia, jubilados y monotributistas de ingresos bajos y medios que puedan demostrar que la deuda es anterior a esa fecha de corte. No es para cualquiera. Pero marca una tendencia que espero ver en más países de la región: gobiernos que reconocen que el costo del crédito de consumo se volvió insostenible para buena parte de la clase media.
Para dar una idea concreta de lo que significa el cambio: alguien que debía el equivalente a un sueldo en tarjeta, a una tasa que rondaba o superaba el 100% antes de este programa según reportaron varios medios locales, y ahora lo cambia por un crédito a 35% fijo a 24 meses, termina con una cuota más baja y, sobre todo, con una fecha exacta en la que se libera de esa deuda. Esa certeza, en mi experiencia acompañando alumnos, vale casi tanto como el ahorro en intereses.
Lo veo con frecuencia en alumnos de México y Colombia: existe la opción de pedir al banco una reestructuración o un préstamo personal para saldar la tarjeta, y casi nadie pregunta. La tasa de un préstamo personal suele quedar muy por debajo del CAT de la tarjeta, aunque tengas que mostrar ingresos y pasar un análisis de crédito.
Por qué terminamos usando la tarjeta en vez de ahorrar
Una encuesta de capacidades financieras de CAF, hecha en Colombia, Perú, Brasil y Ecuador, encontró que en promedio 61% de las personas no ahorra de forma formal, es decir, no usa una cuenta de ahorro ni un instrumento del sistema financiero (CAF). ¿La consecuencia? Cuando aparece un gasto imprevisto, la tarjeta queda como la salida más rápida, aunque sea la más cara.
Para mí, ese dato explica el sobreendeudamiento mejor que cualquier charla sobre falta de disciplina. Si no existe un colchón de ahorro, la tarjeta hace ese trabajo por default, y a un costo que en República Dominicana puede llegar a 52% anual.
Cuando reviso esto país por país, el patrón se repite con matices distintos. En México, el hábito más común sigue siendo guardar efectivo en casa en vez de abrir una cuenta que al menos pague algo de interés. En Colombia, lo que más veo son gastos hormiga que ni se recuerdan al mes siguiente, pero que suman en el estado de cuenta. En Argentina, con la inflación como telón de fondo, ahorrar en pesos se siente casi absurdo para muchos, así que directamente no lo intentan. Entiendo cada una de esas razones. Eso no cambia la matemática: sin un fondo de emergencia, la tarjeta pasa de herramienta a refugio, y es un refugio caro.
Los pasos que sí me ha tocado ver funcionar
Cuando un alumno llega con varias tarjetas y no sabe por dónde empezar, lo primero que reviso con él es la tasa de cada una, no el saldo. Suena contraintuitivo, pero atacar primero la tarjeta más cara reduce el costo total mucho más rápido que repartir los pagos por igual. Si quieres ver el método completo con ejemplos de presupuesto, ya lo desarrollamos en el blog de finanzas de Life Academy.
El orden que yo recomiendo
Anota la tasa (CAT o TEA) de cada tarjeta y ordénalas de mayor a menor. Paga el mínimo de todas menos de la más cara, y a esa destínale cualquier excedente. Cuando la liquides, pasa a la siguiente. Llama al banco antes de dejar de pagar: muchas veces hay planes de refinanciación o una tasa preferencial que nadie ofrece si no la pides. Y si el banco no da nada, un préstamo personal para consolidar suele salir más barato que seguir rotando el saldo.
Lo veo más claro con números que con teoría. Si tienes tres tarjetas con saldos de 15,000, 8,000 y 5,000 pesos, y tasas de 75%, 55% y 40% respectivamente, el orden por tasa te dice que ataques primero la de 15,000, aunque tenga el saldo más alto, porque cada mes que pasa acumula más interés que las otras dos juntas. Si en cambio repartieras el pago por igual entre las tres, terminarías pagando más intereses totales en el mismo período, simplemente porque dejaste crecer la más cara por más tiempo.
Lo que no funciona, lo veo seguido, es abrir una tarjeta nueva para pagar la otra. El problema no desaparece, solo cambia de lugar, y a veces con un CAT todavía más alto. Cuando ya liberas ese dinero que antes se iba en intereses, ahí es donde tiene sentido mirar algo como el curso Invierte Como Buffett, para que ese excedente construya patrimonio en vez de volver a la tarjeta.
Los errores que veo repetirse en las consultas
El primero es pagar solo el mínimo pensando que así se evita el problema. Con un CAT por encima del 50%, buena parte de esa cuota mínima cubre intereses, y el capital casi no se mueve. Ya lo mencioné antes, pero vale la pena repetirlo porque es, con diferencia, el error más común que veo.
El segundo, todavía más caro, es sacar dinero en efectivo con la tarjeta. La tasa para avances suele ser más alta que la de consumo, y en varios países ese cargo empieza a correr desde el mismo día, sin los días de gracia que sí aplican a las compras normales.
Y el tercero, el que más me cuesta ver, es dejar de contestar al banco cuando ya no se puede pagar. Entiendo la vergüenza que da esa llamada. Pero de las veces que he acompañado a alumnos en esa situación, casi siempre el banco ofrece algo —un plan de pagos, una quita parcial, una tasa temporal más baja— que nunca aparece si simplemente dejas de responder el teléfono.
Cómo se ve esto en México, Colombia, Argentina y Perú
En Ciudad de México lo que más me preguntan mis alumnos es cuánto pagan de CAT antes de compararlo con un préstamo personal; en Bogotá, la conversación gira en torno a la tasa de usura que certifica la Superintendencia Financiera cada mes, porque ahí está el techo legal. En Buenos Aires, el Programa de Desendeudamiento es la novedad de julio, con Banco Ciudad como puerta de entrada. Y en Lima, aunque todavía no hay un programa similar, la recomendación que doy es la misma: revisar en la SBS las tasas antes de aceptar la primera oferta del banco. Si prefieres resolver dudas en vivo sobre tu caso puntual, también tenemos eventos y sesiones en vivo donde reviso ejemplos reales de alumnos de la región.
Para salir de la deuda de tarjeta de crédito en América Latina, conviene ordenar cada tarjeta por su tasa de interés (CAT en México, TEA en República Dominicana), pagar primero la más cara mientras cubres el mínimo de las demás, y comparar esa tasa con un préstamo personal o con programas de refinanciación como el de Buenos Aires, que en 2026 fija una tasa fija de 35% anual a 24 meses de plazo.
Si te llevas una sola idea de este artículo, que sea esta: la tasa que pagas importa más que el saldo que debes, y casi siempre se puede negociar. En Life Academy trabajamos justamente este tipo de decisiones dentro de la membresía Plus y Pro, donde reviso presupuestos y planes de pago con alumnos de toda la región.
Este artículo tiene fines exclusivamente educativos y no constituye asesoramiento financiero ni recomendación personalizada de inversión. Antes de tomar decisiones financieras, evalúa tu situación personal y consulta con un asesor certificado si es necesario.






